De viajes.
Estoy comenzando a escribir de viajes, en un autobús camino
a Celaya. No había podido hacerlo, me costaba trabajo reconstruir en letras la
sensación del viaje, o el aprendizaje, y es que se mueven tantas cosas con
ellos, que es difícil para mi cabeza ordenarlo.
Cuando era niña, no viajaba mucho, y menos con mis padres,
sí salía era con mi tía y su esposo, o sólo mi tía. Mi “primer viaje” el
importante, fue cuando tenía 17 años, una salida didáctica de CEDART, a la
Sierra Gorda, Querétaro, para conocer el barroco en esas bellas misiones; el
lenguaje hecho piedra en esas paredes. Y de paso conoceríamos, cómo se vivía en
otro lugar del país, no sólo por fuera, si no hablar con su gente, lograr que
te dejaran entrar a sus casas para ver sus vidas, olerlas de cerca. Vi como
afecta la migración de cerca, no sólo en números en una revista, en una
encuesta, no, se notaba en el aire, en
sus casas, un pueblo de mujeres y niños, ah sí y aparatos electrónicos, los
mejores, los que no se encontraban aquí. Ahora entiendo que mientras más grande
era el modular, y más fuerte se escuchaba “mejor” el padre de familia, el jefe
de la casa, que sin estar presente físicamente estaba bien representado por el
modular, y sus enormes bocinas. Una de esas noches, al contar como habían sido
nuestras experiencias en el día conociendo familias, Lola, Deko y Rodrigo levantaron la mano,
parecía que era urgente decir lo que habían vivido. Conocieron a un “Don” Ahí
de sombrero de paja gastado, camisa beige, y pantalón negro, ya gris por el
uso. Pero ese “Don” nos dio más que todas esas casas con Modulares, patios
grandes, cocinas enormes, y azulejos floreados. Era de los más ancianos del
pueblo, él los vio nacer a todos, y era el mismo de hace 20 años, en su casa
con un cuarto de paredes echas de madera y lamina en el techo, pero con una
huerta grande, había manzanas, peras, un par de gallinas, pollos y otros
animales, No trabajaba pero tampoco lo necesitaba, pues su huerta y su patio le
proveían todo lo que necesitaba para sobrevivir. Nunca se casó y nunca se fue a
los Estados Unidos, para qué dijo Él, sí ahí tenía todo lo que necesitaba, su
tierra fértil, sus gallinas, sus manzanas, eran suyas, para que quería dinero,
si no necesitaba comprar nada, -total cuando muera no me voy a llevar ni mi
tierra, me voy a llevar lo que aprendí aquí y la tranquilidad de haber
cultivado mi tierra-. Él había visto los viajes de todos los hombres que se
fueron, y como fueron cambiando sus vidas, con el dinero del otro lado, vio
nacer a los hijos de esos hombres, y los estaba viendo crecer, y tenía todo el
tiempo para observar, para ver la vida y hacer consiente el aprendizaje. Ese
día algo me cambió sigo sin saber que
fue exactamente, pero me dolía el egoísmo, la vanidad, la mentira, el miedo, el
amor, la injusticia, el rencor, la avaricia. Esa noche me puse mi primera
borrachera, odiaba esa parte manipuladora que tenía, y dejé de ser así, trate
de ser mejor persona, honesta. Y esa noche inicié el cambio a la persona que
ahora soy, trato de responsabilizarme de lo que digo, y he asumido las
consecuencias, algunas veces han sido malas, otras buenas. Y evito las
turbiedades, no me gustan las cosas a medias. A veces cuesta trabajo no caer en
esa naturaleza humana, de salir bien librados siempre, pero nunca manipulando,
mintiendo. Y entendí de lo que se trata la lealtad, la verdad, y con ello
vienen muchas otras cosas, el amor, el respeto, la valentía, el coraje.
Tenía 17 o 18 años y pensaba que sabía mucho, me emborraché
con mezcal tonayan o como se escriba, estábamos a 47- 48 grados sin aire, y las
superficialidad me estorbaba, no soportaba que mi amiga Paulina se estuviera
escondiendo de mi porque se estaba haciendo novia de Paco, se escondía porque
Paco me gustaba, y me tenía miedo, yo sólo pensaba en las tonterías que pasaban
a mi alrededor, pensaba en lo tonta que era por dejarme llevar a veces por
otras personas por miedo a estar sola, así que decidí dejarme ser como sentía, como
era lo correcto, decidí dejar de lado el miedo a no ser aceptada, y que me da
la verborrea diciéndole a todo el mundo lo que pensaba, esa noche me comencé a
relacionarme con personas a las que siempre había querido hablarles pero me
daba miedo no parecer interesante para ell@s, y resultó que siempre me habían
querido hablar, pero no lo hacían porque me juntaba con algunas de las chicas
más superficiales del cedart, y eso era
imperdonable, ser superficial en cedart. Creo que lo que aprendí fue a dejar de
lado los prejuicios, no es que ahora mismo esté curada del todo, pero lo
intento. Quizá no suene interesante, pero ese viaje me dio algo más, me dio
mucho de lo que ahora soy y por eso lo quise compartir.