El Sábado regresé de Villahermosa después de ir a trabajar el fin de semana... Voy a describir lo que observé. El Vuelo salía 1:55 pm de Villahermosa, se retrasó y despegamos de ahí aproximadamente 40 minutos tarde. Llegaríamos al Distrito Federal a las 4:00 pm pero cuando estábamos bajando el avión hizo un movimiento muy brusco levantando de nuevo, ahí comenzó la turbulencia. Los pasajeros estaban nerviosos y quien podía se aferraba a los posa brazos de los asientos. La quietud y silencio del vuelo cambió a los murmullos, conversaciones nerviosas y falsas amabilidades que ocultaban el temor que todos sentían. En el pasillo de la fila 17, una viejita temblaba pero sin decir palabra. Su pulso parecía de maraquera y nadie sabía si eran nervios o Parkinson lo que la atacaba. A su lado, su esposo la tomaba de la mano más como a una niña temerosa que como a una pareja de toda la vida. Se limitaba a darle pequeños golpecitos para tranquilizarla. Al fondo del pasillo estaban las azafatas sentadas muy monas con sus uniformes azules, disimulando calma mientras los pasajeros buscaban una explicación de parte de ellas. El avión se movía entonces de un lado a otro mientras el sonido de las turbinas subía de volumen y el equilibrio se alternaba entre un ala y la otra. De pronto el capitán, con una voz serena y sexy se comunicaba por el altavoz: "Del aeropuerto de México nos reportan una alerta de w!#%$/]" y nadie entendió... El avión comenzó entonces a volar como un buitre alrededor del cadáver de un animal, esta vez era el aeropuerto. Había cierta estabilidad dentro de la turbulencia y el sonido incómodo de las turbinas forzando su tarea. La gente comenzaba a pararse "discreta" de sus asientos para devolver las papitas y la bebida que antes habían ofrecido las aeromozas en su "servicio de cortesía." Ellas tomaban ahora la palabra para decir: "Les recordamos que atravesamos una zona de turbulencia por lo que les pedimos que permanezcan en sus lugares, con cinturones abrochados y si se levantan sea para lo estrictamente necesario." Después de 45 minutos de volar como zopilote hambriento alrededor de la ciudad, las nubes parecían familiares. Un deja vú donde el interior del avión se oscurecía de repente y salía de nuevo a la luz mientras la viejita seguía poniendo a prueba la resistencia de su corazón. Era como una tortura física y todos se preguntaban: "¿le irá a dar un infarto?" El avión decidió entonces alzar el vuelo y comunicarse para decir: "Aterrizaremos en Toluca." Con casi 2 horas y media de retraso el vuelo aterrizó en la tierra que vio unir sus vidas a "La Gaviota" y a "copetín." La cuasi familia presidencial de la cual hablaremos más ampliamente el sexenio que viene. Uno, dos, tres vuelos desviados. Culiacán, Villahermosa, Ixtapa y la insuficiente pero "internacional" terminal se había vuelto un caos. Casi dos horas de espera mientras la gente ansiaba sus maletas, sabiendo que tendría que pagar un transporte de los $200 a $500 pesos porque la "falla" no era responsabilidad de la aerolínea. Una mujer menudita de chaleco amarillo se volvió el blanco del miedo canalizado en altanería. Varios hombres mayores le gritaban el retraso en sus "valiosas agendas" mientras ella, rebasada por la multitud y los reclamos, se refugiaba en los sexys policías federales que entraron a defenderla. Niños sentados en el carrousel de las maletas, señoras encopetadas con su sombrero de ala ancha contra el sol veían cómo el cielo se caía con una lluvia que terminó por cortar la luz de la terminal... La planta entró rápidamente al rescate y volvió a iluminar la sala. Y aquellos que nos bajamos nos seguimos preguntando, ¿habrá resistido el corazón de la viejecilla? Esperemos que sí porque cualquier falla sería ajena a la aerolínea y los gastos funerarios correrían por parte de los familiares. Con tal experiencia, ¿volvería a volar?
Cuau
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