CABUTLI LIMENES
Hace exactamente un año viajé con mi mejor amigo a Europa. Más o menos por estos días pero hace un año estábamos en Venecia. Llegamos como a las 11 pm en tren desde Florencia y sólo teníamos un mapa y la dirección del hostal. Para esa hora ya casi todo estaba cerrado, sólo estaban abiertos algunos locales turísticos cercanos a la estación de trenes. Caminamos un buen rato por los callejones de Venecia hasta que encontramos el hostal. Cuando por fin encontramos el hostal, el tipo de la recepción estaba peleando de modo muy grosero con un turista que se quejaba por algo del servicio. El tipo de la recepción nos dijo "cerramos a las 12 am la recepción y volvemos a abrir hasta mañana." Teníamos un cuarto con dos camas y baño propio. Sólo estaríamos un día porque nos habían dicho "la ciudad no es tan grande y realmente no hay mucho que ver..." decidimos pasar ahí sólo una noche y al día siguiente viajar a Budapest, la ciudad que más emocionaba a Alejandro. Acomodamos nuestras cosas de baño y sacamos la muda de ropa para el recorrido del día siguiente, nos fuimos a dormir. El calor adentro del cuarto era insoportable, dormimos en calzones y con la ventana abierta para que entrara algo de aire. Más tarde sentí un dolor muy intenso en uno de los testículos, era tan intenso que no identificaba si el dolor era en el testículo o más abajo pero me dolía muchísimo y eso fue lo que me despertó. Desperté y comencé a quejarme muy bajito, no quería despertar a Alejandro y pensé que el dolor se me pasaría en cualquier rato, empecé respirando muy profundo. Respiraba profundo tratando de llevar la respiración a la zona del dolor, como me enseñaron en la escuela...pero el dolor no cedía. Después ya no aguantaba y me quejaba más fuerte. Alejandro me escuchó y se levantó, como pude le dije más o menos lo que sentía y me veía retorcerme de dolor en la cama tratando de no gritar. El dolor era horrible, ahora entiendo la fuerza cuando dicen "eres como un dolor de huevo..." Alejandro se asustó mucho y me dijo "¿qué hacemos?" "¡Vamos a un hospital!" No me acuerdo qué le dije exactamente pero pensaba que si nos había costado tanto trabajo llegar al hostal, encontrar gente en la calle y la recepción estaba cerrada pues iba ser casi imposible llegar a una clínica y hospital a las tres de la mañana... Le dije "No te preocupes, se me tiene que pasar" y así estuve como 1 hora, supongo, respirando para que el dolor se fuera. Para ese momento ya había llorado, literal, del dolor pero poco a poco fue cediendo hasta que así me fui quedando dormido. Al día siguiente desperté sin molestias y recorrimos Venecia, ése era nuestro último día del viaje en Italia y nos comimos un helado antes de tomar el tren a Budapest. ¡¡¡Qué helados!!! No quise ir al médico durante el día porque no le veía el caso y no pensé que el dolor se iba a repetir. Terminamos Venecia y tomamos el tren, sería el más largo de todo el viaje, entre 8 y 12 horas para llegar hasta Budapest, Hungría. Tomamos el tren, de segunda clase. Por ahorrarnos dinero y para no perder más tiempo escogimos ése. Era un tren que hacía varias paradas, los asientos venían por grupos de 4 personas. Dos asientos frente a otros dos y era tan difícil acomodarse y mucho más el poder dormir... En ese viaje conocimos a 4 chicos de Londres que viajaban por haber terminado la preparatoria o su equivalente. Eran 3 chavos y una chava, estaban bastante interesados en escuchar la visión política de México de boca de unos mexicanos. Y así fue...nos escucharon y compartieron muchos de nuestros puntos, también viajó con nosotros un chavo alemás, Jacob. "Yacob" nos insistía porque no soy americano, ellos dicen "Yeicob" pero yo soy alemán, es "Yacob" así como se escribe. En su perfecto español, mejor que el de Alejandro, nos contó el tiempo que vivió en España en una región del campo trabajando y viviendo con una familia mientras estudiaba no sé qué...Nos hablaba de que no le importaba ser millonario sino vivir una buena vida y viajar era parte de eso, conocía prácticamente todo Europa y ahora sólo le faltaba...no recuerdo. Algún país extraño de Europa del Este. Jacob tenía 18 años, era un chavito y hablaba de una manera muy interesante, informada y madura. Cuando empecé a sentir el dolor estábamos en plena plática con los ingleses y con Jacob. Quise respirar y ver si se pasaba pero no fue así, el tren venía hasta la madre de gente de todos lados que de por sí ya nos veían feo por estar hablando a la hora de dormir. El dolor había subido ahora hasta el abdomen bajo y a un costado. Llegué a pensar que era el apéndice, luego estreñimiento (cosa que nunca me da pero pensé que por las condiciones del viaje era eso) y pensé mil cosas pero el dolor seguía muy fuerte. La chava inglesa me cambió el asiento para ir en el mismo sentido de la marcha del tren y no de espaldas. Decía que eso podía ayudar. Luego Jacob, que ya leía un libro, me veía y me ofreció una pastilla para el dolor. Me la tomé y empecé a caminar por el tren para que pasara el dolor, iba al baño una y otra vez para ver si "hacía" creyendo que era estreñimiento. ¡No pasaba nada! Para ese momento ya se me nublaba la razón, estaba mega emputado porque sólo a mí podía darme un dolor tan pinche fuerte y molesto en un tren de casi 10 horas, atascado de gente que no habla mi idioma y sin poder gritar ni salir corriendo de ahí. Cuando se hizo de noche abríamos la cortina para ver por la ventana el camino del tren, ya no eran los paisajes italianos ni españoles que de algún modo son bonitos y amigables. Veía cercas de alambres o casas muy jodidas a la orilla del tren, ya no era la Europa turística ni bonita, cada que entrábamos a un territorio nuevo o a no sé qué, se subían al tren unos changos y changas blancos con cara de celadores de reclusorio que te pedía de manera muy directa que enseñaras el pasaporte. Cuando el dolor se hizo más fuerte me salí de ese vagón y entré al del restaurante. Ahí estaba en silencio, me senté en uno de los gabinetes y acosté mi cabeza sobre la mesa, me sentía más tranquilo. En eso alguien despertó unas mesas más adelante, era la encargada del restaurante, me dijo que estaba cerrado y que no podía estar ahí. Le dije que me sentía mal y me dijo que buscara a alguien encargado del tren pero que no podía estar ahí. Entonces me salí y me senté en el espacio libre entre los dos vagones, junto a la puerta para bajar del tren. Ahí corría mucho aire y estaba más frío e incómodo. De todos modos me senté en el suelo aguantando el dolor, al rato salió la misma mujer del restaurante y me dijo "no puedes estar aquí, regresa a tu asiento" le dije que me sentía mal y que necesitaba estar ahí sentado porque tenía mucho dolor. Le dije que probablemente era algo del riñón, empezó a ponerse de malas y me dijo otra vez que no podía estar ahí. Le dije que me sentía mal, me dijo que no le importaba, entonces me empezó a gritar y dejé de contestarle y de mirarla. Empezó a hablarme muy feo y entonces volteé y le dije: "No voy a hablar contigo, que venga alguien más a decirme que no puedo estar aquí pero no tú. Contigo no voy a hablar." Le hablé fuerte y ella no dejó de gritarme, se volvió loca. En ese momento el tren se paró y subieron varios policías, soldados o no sé qué y escucharon el desmadre. No sé qué le preguntaron y ella no sé qué les dijo, ellos estaban armados. Uno de ellos empezó a gritarme (como militar) y me dijo: "Baje del tren, ahora." Me paré y estaba muy emputado, ellos me echaban luz con unas lámparas y la gente del tren que estaba cerca veía por la puerta el desmadre. Mis amigos, ni enterados. Bajé del tren y llorando de coraje les expliqué lo que me pasaba y ellos se miraron como entendiendo ahora, vieron mi pasaporte y me dejaron subir. Yo sólo decía "pinche vieja, pinche vieja puta, pinche vieja" y ellos no me entendían. Subí al tren y uno de ellos se acercó a la tipa y le dijo no sé qué. Me regresé al asiento y le conté a Alejandro lo que me pasó. Al medio día siguiente llegamos a Budapest. No salí en dos día del hostal por el dolor, le dije a Alex que fuera él a conocer la ciudad. Llamé a la embajada y me consiguieron una cita en un hospital. Fui y el primer día me dijeron que el dr ya se había ido que volviera al día siguiente. Ese día me aguanté el dolor con pastillas, volví al hospital y me dijeron que el dr ese día no llegaba. Dos días seguidos que me dejaban plantado. Llamé otra vez a la embajada y me dijeron que ahora me mandarían a un hospital privado, más caro pero seguro me atendían. El de la embajada se ofreció a llevarme. Tomé un camión al barrio donde estaba la embajada mexicana. Una casa chica pero muy bonita en un barrio como Las Lomas pero de Budapest, esperé en una banca de la calle y salió el chavo que me acompañó. Llegamos al hospital y cuando por fin el dr me atendió me dijo que era un cálculo renal. Me inyectó para calmar el dolor y me mandó a tomar mucha cerveza y a brincar para facilitar que la piedra saliera. También tomé algo para ayudar a que la piedra se desintegrara. Cuando me dieron mi nota y mi receta vi que mi nombre estaba mal escrito. En vez de "Jiménez Vargas Cuahutli" decía "Limenes Burgus Cabutli" ésa fue la joda durante el resto del viaje que me hizo Alejandro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario