domingo, 22 de julio de 2012

Escribiendo desde el avión

Un viaje me cambió la vida. Cuando tenía 17 años fui intercambista. Me gradué de la prepa y me fui a Suiza durante un año. Fue una de esas experiencias que marcan un antes y un después en la vida. Llegué de pronto, siendo todavía un adolescente, a un país del otro lado del mundo donde no conocía a nadie y sin entender una sola palabra.  En el vuelo de ida tenía que hacer una escala (creo que fue en Atlanta) y no tenía mucho tiempo entre un vuelo y otro. Llegué corriendo a un módulo de información preguntando y la conversación se dio más o menos así:  -Dónde sale el vuelo a Suiza?!! -A dónde? -A Suiza!!! -Sí, pero a donde? -A SUIZA!!!! -SÍ! PERO A DÓNDE???!!! -Ah... A Zurich por favor... Nunca más volví a sentirme perdido en un aeropuerto.  Estar lejos de mi casa, mi familia y todo lo que conocía me ayudó a darle perspectiva a las cosas. Durante ese año fue la primera vez que me sentí valioso, sentirme exótico no era algo a lo que yo estaba acostumbrado. Dicen que los artistas solemos ser niños tristes. Y por lo menos en mi caso así fue, siempre me sentí fuera de lugar en todos lados. Mi intercambio le dio la vuelta a eso. Dejé de avergonzarme por ser diferente y empecé a sentirme orgulloso de ser especial. Le perdí un poco el miedo a los cambios, a lo inesperado, a lo nuevo. Eso es lo que significan para mi los aeropuertos: una aventura nueva. Siempre tengo esta sensación de "juguete nuevo" cuando sé que voy a tomar un avión. Aún cuando han significado cosas tristes, como cuando regresé de Suiza y dejé toda la gente y las cosas que me transformaron la vida, siempre me emociona la idea de un nuevo capítulo.  José Ramón 

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